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Bitácora personal de Vicente Ferrer

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Perdón por la tristeza PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Miércoles, 02 de Septiembre de 2009 14:42

Acabo de leer un comentario a mi último post, en el que Octubre (no tengo el gusto de conocerle) me dice que hace 4 meses que no escribo nada. Pues vale, que no se diga, raudo y veloz me pongo a ello, esi sí, de tirón, sin pensar lo que voy a escribir ya que ese ha sido el motivo de no hacerlo.  Cada vez que me he dicho -voy a escribir sobre esto-, al escuchar alguna noticia (fundamentalmente indignantes) por la radio, tv, internet, etc. se me han ido las ganas al darme cuenta de que habría que estar escribiendo muchas horas al día para protestar por la basura que aflora constantemente en nuestra sociedad, no me refiero a nada en concreto, hay muchas cosas, el ver, por ejemplo, que la crisis que nos está empobreciendo más y más a los ciudadanos, está enriqueciendo más y más a los ciudadanos+ (los ricos, claro). ¿Cuánto estarán ganando los grandes laboratorios farmaceúticos sólamente con la gripe A? (enlazo un vídeo que anda por la red y que ha publicado también mi amigo Queru), bueno, hoy no sigo con estos temas, esperaré al próximo artículo que, espero, tarde algo menos que este y sea algo menos negativo y triste.

Salud.

COMMENTS (2)
Gracias
2 Jueves, 03 de Septiembre de 2009 08:28
Pablo Libertad
Vicente, gracias por volver...hemos conocido tiempos peores lo que creo que pasa es que eramos mas jovenes, ya sabes que yo leo tu blog asi que por favor escribe con mas regularidad, pues nos tienes desasistidos a tus "habituales"...ademas como esta el paño hay tajo
Al fin
1 Jueves, 03 de Septiembre de 2009 00:39
Octubre
Eso esta mejor, al menos lees los comentarios que te mandan.

Saludos...

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Última actualización el Jueves, 03 de Septiembre de 2009 00:43
 

Leído por ahí

Ninguno terminamos Derecho. Pero es que nosotros no perseguíamos justicia sino las piernas de Marina. Juan se sentó en la última fila y yo, en la primera. Mientras él procuraba meterle mano, yo prestaba a Marina mis apuntes. La noche que los vi besándose, no pude soportarlo más y todo el peso del Derecho Romano cayó sobre el cráneo de Juan repetidas veces. Nadie quiso defenderme hasta que una mañana se abrió la puerta de mi celda. No necesité levantar la cabeza para reconocer esas piernas. A ella, estaba claro, le gustaban los chicos malos.

Isabel González González