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Bitácora personal de Vicente Ferrer

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Barack Obama presidente PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Jueves, 06 de Noviembre de 2008 21:00

Ha ocurrido, por primera vez en la historia, un negro (bueno, no muy negro, no es pobre) accede a la presidencia del país más poderoso del mundo.

Como mucha otra gente, no me hago demasiadas ilusiones, no sé si mejorará la esperanza de vida de los niños del "tercer" mundo, no sé si se firmará la paz en los frentes abiertos.. Realmente no parece muy difícil, basta con sustituir las exportaciones de armas por otras de medicinas y alimentos pero, me temo que va a ser algo más complicado.

El absoluto poder del gran capital (con residencia en USA), no se si va a cambiar suficiente su orientación para que no se desvanezcan las ilusiones que una campaña electoral larguísima ha generado.

Quizá fuera suficiente con que no interviniesen en los problemas del mundo, ya que no son capaces de solucionarlos, al menos que no los creen.  No necesitamos mas elementos como Osama Bin Laden o el propio Sadam Hussein, cuya ascensión al poder en cada uno de sus ámbitos, fue dirigida y financiada por los USA, como todo el mundo sabe. No necesitamos más guerras del petróleo, no queremos más apoyo a golpes como los de Chile y Argentina. No intervengan por favor, no como hasta ahora, al menos.

Por aquí se lleva lo de dar 100 días a un gobernante antes de empezar a criticarle, por supuesto señor Obama, 100 y los que hagan falta, a algunos no nos va a poder defraudar pero, ojalá nos sorprenda agradablemente. Y, si empieza a hacer cosas decentes, que sea por muchos años.

Enhorabuena señor Obama, ¿enhorabuena para nosotros también? ojalá sea así.

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Última actualización el Domingo, 30 de Noviembre de 2008 00:56
 

Leído por ahí

Ninguno terminamos Derecho. Pero es que nosotros no perseguíamos justicia sino las piernas de Marina. Juan se sentó en la última fila y yo, en la primera. Mientras él procuraba meterle mano, yo prestaba a Marina mis apuntes. La noche que los vi besándose, no pude soportarlo más y todo el peso del Derecho Romano cayó sobre el cráneo de Juan repetidas veces. Nadie quiso defenderme hasta que una mañana se abrió la puerta de mi celda. No necesité levantar la cabeza para reconocer esas piernas. A ella, estaba claro, le gustaban los chicos malos.

Isabel González González